domingo, 27 de noviembre de 2011

La batalla de Chile

CINE LATINOAMERICANO Y SOCIEDAD: EL CASO DE “LA BATALLA DE CHILE”, INSTRUMENTO, TESTIMONIO Y VERSIÓN PARA LA MEMORIA


Los desastres de la guerra también se esfuman y dispersan en la calma que sigue a la tempestad, los motivos humanos que se jugaron en las hostilidades se ocultan a la mirada de las generaciones posteriores. Y la historia termina contándola el ganador, a beneficio de su propia causa, independientemente de la búsqueda de la verdad: ésto significa que a más del fragor de las hostilidades, en el tiempo se declara otra guerra: el relato de los acontecimientos desde el punto de vista de quien ha impuesto su perspectiva y sus razones para aplastar a sus adversarios.

En el caso de la trilogía documental LA BATALLA DE CHILE, dirigida por Patricio Guzmán, nos encontramos con una obra que hace excepción: este proyecto convirtió el cine en un instrumento de articulación de información y de perspectivas protagonistas de los hechos; convirtió el cine en una herramienta singular de testimonio de los trágicos acontecimientos del año 1.973 en Chile; y convirtió el cine en una posibilidad única de documentar y exponer los hechos alrededor de la situación social, política e histórica de Chile, cuando el conjunto de la sociedad chilena se lanzó a probar un renovador modelo de organización nacional.

Hoy, la trilogía LA BATALLA DE CHILE, memoria del golpe de estado al proyecto de la Unidad popular en el poder, liderado por el presidente constitucional Salvador Allende, se convierte en un referente cada vez más importante para documentar el choque agudo de las fuerzas sociales implicadas durante aquella época, y se convierte en un testigo como el que más de la capacidad del cine para retener la historia de una sociedad en un relato fílmico, cada vez más conmovedor, con el paso del tiempo, cada vez más necesario en medio de la sistemática historia oficial que desconoce la disciplina de cuestionar su unívoco punto de vista.

LA BATALLA DE CHILE es un tríptico que consta, como lo expone el mismo director (1), de: Primero, La insurrección de la burguesía, insurrección de los sectores medio y alto de la población, en colaboración con intereses extranjeros, enfrentando las acciones tomadas por el gobierno constitucional de izquierda y por la izquierda en su conjunto, para frenar esta insurrección del ala derecha.

Segundo, El golpe de estado, que muestra la agitación de la burguesía en oposición a las fuerzas democráticas y populares, añade la dimensión de las diversas y competitivas estrategias que existían en el interior de varios grupos de izquierda; enfrentamiento que llevó al proceso que derivó en el golpe de estado, el derrocamiento del gobierno de la Unidad popular y el aplastamiento de un nuevo modelo de sociedad en Chile.

Tercero, Poder popular, que es una afectuosa evocación de las organizaciones de masas durante el gobierno de la Unidad popular, en especial, durante el año de 1.973. Estas fueron organizaciones de masas que respondían a exigencias muy prácticas, a necesidades concretas: cómo obtener comida y suministros para el pueblo, cómo hacer más productiva una parcela, cómo organizar un almacén popular, cómo levantar un comité de producción en una fábrica.

El cine, para algunos autores como Eric Barnouw (2) nace documental, con el primer cine de los Hermanos Lumiere, que van a cambiar la escala de la fotografía en movimiento, cuando salen a la calle y registran el palpitar de la vida en Lyon y en el Paris de finales del siglo XIX. Sin embargo, para otros autores, como los pioneros en un cine de investigación y de convivencia profunda con los temas a tratar, como Robert Flaherty (3) y John Grierson (4) el cine se hace documental producto de una actitud mayor, un compromiso más inquisitivo, más explorador y amplio, que produce un resultado de una escala diferente: el producto de una convivencia disciplinada, un compromiso con el espacio y tiempo de los temas a tratar y un ejercicio del creador cinematográfico en función de una versión decidida del cineasta con los conflictos fundamentales del lugar humano que experimenta los hechos expuestos.

Desde Nanook del norte, estrenada en 1.922, considerada propiamente como el primer largometraje documental, en este orden de ideas, hasta el día de hoy, el cine ha prestado un invaluable servicio como instrumento para llevar diversidad de imágenes sobre cualquier lugar y sociedad del mundo, a la generalidad y diversidad de espectadores en cualquier parte del mundo. La imagen visual, desafortunadamente, por su contundencia no garantiza ni verdad, ni prueba por si misma de nada, pero el cine como instrumento creador de versiones sobre las cosas del mundo, si ha logrado una trayectoria, en la que se demuestra capaz de documentar los hechos, de ofrecer una visión muy singular de los conflictos y de establecer una relación única con el espectador.

La trilogía de LA BATALLA DE CHILE, se ubica en la noción que plantea el Equipo Tercer año, liderado por Patricio Guzmán a comienzos de los años setentas, en el Chile de la Unidad popular, como cine documental analítico. Para hacer el montaje de la trilogía con un material registrado de veinte horas de duración, se discutió el principio teórico al que debía responder la edición final. El mismo Guzmán afirma que el esquema teórico que desarrollaron dividió la realidad chilena en tres grandes áreas: ideológica, política y económica. El punto de partida fue un análisis marxista de la realidad social, el cual se aplicó en capítulos que se relataban en más de setenta divisiones que formaron el proyecto. Todos los miembros del equipo formaron parte del proceso de desarrollo de la idea general, con la ayuda del equipo editorial de la revista CHILE HOY y en particular de la escritora Marta Harnecker (5).

El espíritu de esa ocasión y de la forma única como se aprovechó para producir esta película se respira en esta evocación de Guzmán:

“Una gran cantidad de gente despertando después de haber estado dormida durante décadas: campesinos organizando tomas de tierras, obreros ocupando fábricas. El gobierno nacionalizando la industria, y la derecha apartándose, cerrándose en sí misma, por el momento. Al fin existe la posibilidad de una revolución real. Testimoniar esto es tan absorbente y maravilloso que empecé a sentir que hacer una película con actores, maquillaje, vestuario y diálogos escritos por alguien, no tenía ningún sentido. Estaba completamente rebasado por lo que estábamos viviendo”. (6).

Desde febrero de 1,973 comenzó el registro de los acontecimientos que se daban a lo largo y ancho del país: en la plaza pública, en las fábricas, en las concentraciones políticas y sindicales, en definitiva, en la calle. Guzmán y su equipo asumieron la tarea de un cine que registra los multitudinarios acontecimientos que sucedían día a día en ese año crucial. Posteriormente, una vez sacado el material filmado, luego de enormes dificultades, luego del golpe y la purga inmediata de la junta militar que se tomó el poder, el equipo se radicó en Cuba para realizar el proceso de estudio del plan de montaje y su realización, que culminó en 1.979.

¿Por qué es una película que cobra más valor con el paso del tiempo? La riqueza de su concepción y realización reafirman que este resultado logró utilizar el cine como medio de documentación, logró ser un testimonio vivo, elaborando un panorama amplio y complejo ante una época compleja, destacando las fuerzas principales, los conceptos principales que permitieron reconstruir de manera analítica el ascenso de la Unidad Popular, luego de veinte años de proceso histórico, también recrear el proceso mismo de la Unidad popular en el poder entre 1.970 y 1.973, y también logra la obra mostrar las condiciones que derivaron en el golpe de estado y la imposición de la junta militar.

Después de treinta y cinco años del golpe de estado, de la muerte del presidente Salvador Allende, de la muerte desencadenada del embajador en Francia y poeta capital del proceso chileno, Pablo Neruda, hoy la trilogía LA BATALLA DE CHILE no tiene ninguna divulgación abierta en América Latina ni en Chile. La película sigue veladamente prohibida y censurada. No por una sentencia, sino por esa clase de censura que se produce en el mundo dependiente contemporáneo que consiste en que algo no se conoce porque simplemente los canales de distribución y exhibición de cine, no mencionan ni incluyen una obra en su catálogo; que ha sido el tipo de censura que hasta hoy prevalece sobre joyas de la historia del cine como LA BATALLA DE CHILE.

Los medios de comunicación masiva audiovisual cada vez pierden la condición que las publicaciones periódicas impresas han tenido durante mucho tiempo, y que hoy también éstas están perdiendo: la condición de documentos de época que informen para beneficio de la investigación a posteriori, para quien acuda a estas fuentes para conocer los hechos ocurridos. ¿Por qué? Los medios de información cada vez sirven menos de documentación porque cada vez se acogen más a la moda, a reunir menos información sobre los hechos, a investigar cada vez menos los acontecimientos y lo que es peor, a producir versiones cada vez más planas, sin criterio de quien realiza, sin perspectiva sobre los temas abordados. De esta forma los medios de comunicación masiva, cada vez representan sólo la publicidad estridente de promoción de una sola versión y perspectiva dominante sobre cualquier acontecimiento que aborden sobre las cosas del mundo.

En este sentido y tendencia general, LA BATALLA DE CHILE se convierte en ese testimonio que permite documentar y analizar ampliamente los hechos que aborda, se convierte cada vez más en la excepción a la norma, que ofrece una versión profunda sobre los hechos reunidos, y por otra parte se convierte con más personalidad a través del tiempo en una versión fuerte del proceso chileno, que se proyecta en el proceso del continente latinoamericano, en términos de su esfuerzo por la transformación y construcción de un nuevo modelo de sociedad, y sobre las fuerzas que hasta el siglo XX han impedido su puesta en marcha y mantenimiento en el tiempo.


Ricardo Méndez Morales

Texto completo, tomado de: www.agendacine.com

miércoles, 8 de septiembre de 2010

David Lynch - 1946, Missoula (Montana, Estados Unidos)


Al principio de cada película, hay una idea. Puede surgir en cualquier momento, de cualquier fuente. Puede surgir mirando a la gente en la calle o pensando solo en la oficina. También puede tardar años en llegar. He conocido esos periodos de sequía. Lo que necesitas es encontrar esa idea original, esa chispa. Y, en cuanto la tienes, es como ir de pesca: usas la idea como cebo y atrae a todo lo demás. Sin embargo, como director, tu prioridad principal es mantener la fidelidad a esa idea original.
Te tropezarás con muchos obstáculos y el tiempo puede borrar muchas cosas de tu mente, pero una película no está acabada hasta que deja de haber un plano más por montar, un sonido más por mezclar. Todas las decisiones importan, por muy nimias que sean. Y cada elemento puede hacerte avanzar o retroceder un poquito. Tienes que estar abierto a nuevas ideas, pero, al mismo tiempo, siempre debes mantener la concentración en la intención original. Es una especie de patrón con el que puedes poner a prueba la validez de cada nueva sugerencia.

jueves, 1 de abril de 2010

Charles Chaplin, (1889-1977) Fragmento de rodaje de su Película "City Lights"(1931)

video

Martin Scorsese - 1942, Nueva York

Tal vez descubras que el gran problema de los cineastas jóvenes es que no tienen nada que decir e, invariablemente, que sus películas son poco claras o muy convencionales, o están dirigidas a un mercado bastante comercial. Así que me parece que lo primero que uno tiene que preguntarse si quiere hacer una película es: ¿Tengo algo que decir?. Y no tiene por qué ser algo literal que pueda expresarse con palabras. A veces, quieres comunicar simplemente un sentimiento, una emoción. Con eso basta. Y, créeme, ya resulta bastante difícil.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Bernardo Bertolucci - 1941, Parma(Italia)

No he ido a una escuela de cine. Tuve la suerte de poder trabajar, de joven, como ayudante en las películas de Pier Paolo Passolini y así aprendí a dirigir. Durante años, me he sentido orgulloso de esta falta de formación teórica y sigo creyendo que la mejor escuela de cine es el plató. Además, soy consciente de que no todo el mundo tiene esta oportunidad y aún hay otra cosa: en mi opinión, para aprender a hacer películas, no sólo tienes que hacer películas, sino ver tantas como puedas. Estas dos consideraciones tienen la misma importancia. Y tal vez sea ésta la única razón por la que aconsejaría a alguien que acudiera a la escuela de cine hoy en día: es una oportunidad para descubrir todo tipo de películas que nunca tendrás ocasión de ver en salas de cine.